COMO DOS RÍOS SIN MAPAS

Que nadie salte el muro de nuestro recinto

estamos solos

y cuando tu palabra me seduce

nacen Jardines

Arcadias, Hespérides

y es el anhelo de tenerte en mis brazos

sintiendo el agua inagotable

de los encuentros

Ya sabes que el lugar es mítico

es el prometido deseo que nos ancla

en ese lugar inalcanzable de nuestra intimidad

y es más, mucho más hermoso

que los jardines de Nabucodonosor

Porque allí, todo está cercado

tan sólo Menelao entra a mirarnos

él sabe que nuestro lugar es un jardín

un huerto de deseos, de placeres, de besos

manantial de avidez en el centro

de nuestros laberintos

donde el dios Atón cubre

con sus brazos solares

la seda de los lirios

Ese frescor del agua nos envuelve

porque somos ríos que se funden

y desembocan en el Éufrates y el Tigris

somos la Delicia, el Encanto

la Fuerza y la Ternura…

Somos Pisón, Guijón, esos ríos ocultos

fusionados en barro, en nieve, en sombra, en luz

que hacen crecer las flores

bajo los olivos, las parras, las higueras

sobre la tierra anclada

viva, bella, imaginaria, dulce…

Somos ríos sin mapas

trashumantes cuerpos-amor

labrando el Paraíso:

nuestra Patria.

©Julie Sopetrán

 

AZUL

Alas, agua, mar, viento, placer

azul el vuelo en la distancia, y el espacio zafíreo

de  las lágrimas,

como el perfume de las emociones.

Soy ave parándome en la nada, desdibujando la alegría,

volviendo a la tristeza óptica del aura entrecortada en los espejos.

Siento este no ser siendo

entre el día  y la noche

que es transparencia en el agua de un mar vibrante.

Eres tú, Amor, el cielo que traspaso,

el vientre donde se ondula mi temblor

más que gris, casi añil.

Electricidad, fuego celeste, ternura,

desenfreno de ondas,

turquí marino

garzo, cerúleo, índigo

o brazos en abrazos

de placer y borrachera de pecados como zafiros celestes.

Enviciada de vuelos como juegos

en el vidrio sonoro de las alas,

escala mayor, blues,

plumas, céfiros,

mareas prodigiosas para las caricias

más turquesas que nunca,

remusgo de tu aliento en mi boca,

remolino de cuerpos,

tempestad,

bonanza

y todo sigue siendo azulado

como sangre de cielo

zarco, en el remanso de los fondos.

©Julie Sopetrán

ESPEJISMO

Abro las manos al vacío

oscilan entre los huecos de los dedos

las estrellas fugaces

desaparecen al tocarlas

el peso de mi cuerpo cae al mar en picado

como un albatro herido

y me hundo, me hundo…

el cuerpo se transforma en el agua

mis manos son estrellas de cinco puntas

la fuerza de las olas me lleva

me trae incertidumbres

me vomita en la piedra de los acantilados

y es entonces cuando te llamo dulcemente

y me oyes, y no me oyes

en el desmayo de la sal susurro tu nombre

mis palabras deambulan entre las piedras afiladas

ya es la noche meciéndome en tus luces de mar

una voz me envuelve

mece el sueño

son tus palabras que me llegan

del fondo.

©Julie Sopetrán

LA SOMBRA AMADA

No sé de qué colores hoy las sombras se tiñen
han llegado a mis ojos a celebrar la noche;
cansadas del camino, derraman su tristeza
se bañan en las aguas de mis internos llantos.

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Sus vestidos de noche calientan mi penumbra
sombras que llegan, tantas, que ya no tengo espacio;
necesito salones para todas las sombras
y una sola me basta para llenar mis brazos…

Se han quedado dormidas en mis ojos cerrados
con sus gestos, sus formas, sus carcomidos tintes
y ese afán de enredarse con el polvo que tocan.

Dormidas y una sola recostada en mi pecho
fundiendo sol y tierra con el viento y el llanto
una sola, tu sombra, me celebra la vida.

©Julie Sopetrán

MARIPOSA AGUA

Castilla me dibuja los fondos del secano

un panorama abierto, de su enjutez tan fuerte;

un sequedal de siglos: tendedero de muerte

verdiseco misterio de mi terruño anciano.

Y sale de la tierra, de ese pozo a trasmano

y se vuelve a su arcilla por el surco y la suerte;

no llegará a los mares el agua que se vierte

que es un sudor de anchura o un llanto muy cercano.

Inclinada en el caño de mi fuente arabesca

del terrero del alma, dos lágrimas me brotan:

¿Halcones? Mariposas… libándonos linaje…

El sol me pide a gritos un trago de agua fresca

Suda en seco la tarde, sus oros se alborotan

y el gorrión bebe el sorbo, que silencia el paisaje.

©Julie Sopetrán