AZUL

Alas, agua, mar, viento, placer

azul el vuelo en la distancia, y el espacio zafíreo

de  las lágrimas,

como el perfume de las emociones.

Soy ave parándome en la nada, desdibujando la alegría,

volviendo a la tristeza óptica del aura entrecortada en los espejos.

Siento este no ser siendo

entre el día  y la noche

que es transparencia en el agua de un mar vibrante.

Eres tú, Amor, el cielo que traspaso,

el vientre donde se ondula mi temblor

más que gris, casi añil.

Electricidad, fuego celeste, ternura,

desenfreno de ondas,

turquí marino

garzo, cerúleo, índigo

o brazos en abrazos

de placer y borrachera de pecados como zafiros celestes.

Enviciada de vuelos como juegos

en el vidrio sonoro de las alas,

escala mayor, blues,

plumas, céfiros,

mareas prodigiosas para las caricias

más turquesas que nunca,

remusgo de tu aliento en mi boca,

remolino de cuerpos,

tempestad,

bonanza

y todo sigue siendo azulado

como sangre de cielo

zarco, en el remanso de los fondos.

©Julie Sopetrán

ESPEJISMO

Abro las manos al vacío

oscilan entre los huecos de los dedos

las estrellas fugaces

desaparecen al tocarlas

el peso de mi cuerpo cae al mar en picado

como un albatro herido

y me hundo, me hundo…

el cuerpo se transforma en el agua

mis manos son estrellas de cinco puntas

la fuerza de las olas me lleva

me trae incertidumbres

me vomita en la piedra de los acantilados

y es entonces cuando te llamo dulcemente

y me oyes, y no me oyes

en el desmayo de la sal susurro tu nombre

mis palabras deambulan entre las piedras afiladas

ya es la noche meciéndome en tus luces de mar

una voz me envuelve

mece el sueño

son tus palabras que me llegan

del fondo.

©Julie Sopetrán

LA SOMBRA AMADA

No sé de qué colores hoy las sombras se tiñen
han llegado a mis ojos a celebrar la noche;
cansadas del camino, derraman su tristeza
se bañan en las aguas de mis internos llantos.

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Sus vestidos de noche calientan mi penumbra
sombras que llegan, tantas, que ya no tengo espacio;
necesito salones para todas las sombras
y una sola me basta para llenar mis brazos…

Se han quedado dormidas en mis ojos cerrados
con sus gestos, sus formas, sus carcomidos tintes
y ese afán de enredarse con el polvo que tocan.

Dormidas y una sola recostada en mi pecho
fundiendo sol y tierra con el viento y el llanto
una sola, tu sombra, me celebra la vida.

©Julie Sopetrán

MARIPOSA AGUA

Castilla me dibuja los fondos del secano

un panorama abierto, de su enjutez tan fuerte;

un sequedal de siglos: tendedero de muerte

verdiseco misterio de mi terruño anciano.

Y sale de la tierra, de ese pozo a trasmano

y se vuelve a su arcilla por el surco y la suerte;

no llegará a los mares el agua que se vierte

que es un sudor de anchura o un llanto muy cercano.

Inclinada en el caño de mi fuente arabesca

del terrero del alma, dos lágrimas me brotan:

¿Halcones? Mariposas… libándonos linaje…

El sol me pide a gritos un trago de agua fresca

Suda en seco la tarde, sus oros se alborotan

y el gorrión bebe el sorbo, que silencia el paisaje.

©Julie Sopetrán

ENTRE LA NUEVA HIERBA DE MARZO

La hierba es nueva entre mis pies descalzos

la leche de sus tallos me penetra la piel

leche recién mamada de la tierra

en marzo

aunque aún no es primavera, crea pastos

embellece jardines, es bálsamo y carmín

en la mirada que busca su remanso de invierno

entre algún verde nuevo, sin sombras…

Maná para los pájaros

en ese pío pío donde el hielo deshace su fragancia

Esa hierba la siento crecer entre mis pies de barro

y así me nace el sándalo con sus hojas labiadas

se enreda entre los dedos

y me sube su olor por la sangre

como si fuera el beso que nos damos a escondidas

del mundo

Hierba nueva: milagro de la Poesía

que sin sembrarla nace salvaje en nuestras almas

gemelas, procedentes del bosque de esa imaginación

sin noche y sin ausencia

pero que es cierta y crece dulcemente en su campo de luces

amarillas, azules, de diminutos antojos polvorientos

pegados al rocío de los amaneceres…

Hierba crasulácea que cicatriza heridas y borra la tristeza

estrellamar de nuestros sueños

saboreando el mate o la rosa de té o el azafrán o el epazote

pero nunca el eléboro

Dulzor de hierba nueva en mis labios, néctar de abeja

entre los verdes claro-oscuros del césped.

©Julie Sopetrán